"Porque los verdaderos artistas se inspiran en su entorno y su entorno se refleja en sus obras; y porque la única vez q se debe mirar hacia atrás es para ver lo lejos que se ha llegado."
Carnavales, fiesta marcada en el calendario para dar rienda suelta a las desinhibiciones en muchas partes del mundo. En nuestro país, en cada lugar con sus características propias, destacándose tres regiones en particular: Tarija en el Sur, Santa Cruz en el Oriente y Oruro en el Occidente.
Precisamente esta ciudad se viste de gala para recibir a visitantes y bailarines de distintos puntos de Bolivia y del exterior en estas fechas. Es por todos conocido que el “motivo”, por no decir el pretexto, de este movimiento cultural se encuentra en el icono religioso conocido como la virgen de la Candelaria o virgen del Socavón; ante quien, año tras año, van a postrarse miles de peregrinos.
Con todo, este evento folclórico tiene un lado poco conocido (por no decir obscuro), relacionado con la presencia de un personaje que le disputa protagonismo a la susodicha imagen católica.
Otro icono con un origen también pagano, pero relacionado a la cultura de los Urus que habitan ancestralmente esa región de Bolivia. Nos referimos al TÍO, aunque también es conocido por otros ¨alias¨ como el de Huari (para los Urus), Supay (para los quechuas) o simplemente Diablo para los más. Este último apelativo, resultado de la a-culturización que vino de la mano de los curas católicos llegados de España durante el coloniaje que sufrieron estas tierras.
El Tío, según la mitología andina, es el ser al que los mineros veneran para que les brinde fortuna en la explotación del mineral que obtienen de sus vetas. Este personaje, según la cosmología andina minera, es conocido como el amo y señor de las profundidades, pero, a decir de varios historiadores e investigadores, difiere del diablo católico, pues se dice que cuida a sus creyentes.
Por si no lo sabían, el baile de la diablada está inspirado en su existencia, con un trasfondo de supuesta sumisión ante la virgen católica.
El dia de ch’alla de carnaval, los mineros ofrecen al dios de la profundidad la sangre y entrañas de llamas blancas para que los proteja de cualquier peligro en su laburo, y les permita encontrar alguna veta de mineral que justifique su esforzada y poco reconocida labor.
Uno de los minerales más codiciados es el estaño, que llegó a sostener la economía de Bolivia durante gran parte del siglo pasado, con el cual este personaje (El Tío) resultó muy relacionado.
Esta relación es recogida en una de las canciones más representativas del heavy metal boliviano, a cargo de OM.
OM, agrupación conformada mediados de la década de los 80 originalmente por Ismael Saavedra (bajo); “Vichi” Olivera (en la batería); Marcelo Palacios (en la guitarra) y Luis Kuncar (guitarra), este último heredero de Dña Mecha Kuncar, dueña de la extinta radio Chuquisaca, precursora del rock boliviano. Cuatro trabajos documentados fueron suficientes para que la corta duración de esta agrupación marque historia en el rock local.
OM, agrupación conformada mediados de la década de los 80 originalmente por Ismael Saavedra (bajo); “Vichi” Olivera (en la batería); Marcelo Palacios (en la guitarra) y Luis Kuncar (guitarra), este último heredero de Dña Mecha Kuncar, dueña de la extinta radio Chuquisaca, precursora del rock boliviano. Cuatro trabajos documentados fueron suficientes para que la corta duración de esta agrupación marque historia en el rock local.
De estos, tres fueron grabados de forma casera en formato casete en los estudios de la Radio Chuquisaca: el primero en 1987 de título OM contenía temas como Cacafonia, El reggae del cóndor y Estaño metal del diablo, entre otros. A este trabajo se sumaron el Mutante I y Mutante II en 1988. Un año más tarde el grupo graba su único trabajo en un estudio profesional bajo el sello Discolandia, un disco de vinilo (extended play) que incluye temas como Cochuna y Estaño metal del diablo, y que fue estrenado en la inauguración del mítico boliche El Socavón a mediados de 1989.
OM se disuelve a inicios los noventa debido a que primaron los proyectos personales sobre los del grupo. Sin embargo se dieron algunas reuniones esporádicas, como la de 1999 en la Casa de la Cultura, o la de 2012, aunque por ahí vimos un afiche a finales del año pasado anunciando la tocada del grupo en un boliche paceño de los más subterráneos. Esto fue y es OM.




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